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El alumno de Cristo Rey (Valladolid) José Ángel Matía gana el premio provincial de Valladolid del concurso ‘Carta a un militar’ del Ministerio de Defensa

El alumno del Colegio Cristo Rey (Valladolid) de 1º de Bachillerato, José Ángel Matía González, ha obtenido el primer premio provincial de Valladolid del concurso ‘Carta a un militar’ con una misiva dirigida al histórico almirante de origen vasco Blas de Lezo. Elegida entre las 185 presentadas, el jurado reconoció la calidad literaria de la carta y el enfoque original. En ella, el remitente se traslada al siglo XVIII y se dirige a él como agradecimiento “por haberse hecho un hueco en la historia de nuestra nación” ensalzando sus cualidades estrategas: “Me asombra su grandeza al haber sufrido tanta desgracia personal por los problemas que le han ocurrido a lo largo de su carrera militar, ya que además de haber quedado cojo, también quedó tuerto. Sin embargo, en lugar de dejarse hundir por ello, supo compensarlo con una mente despierta de estratega, lo que sin ninguna duda es admirable”.
 
A través de sus líneas, se descubre la huella militar marcada por el almirante en la historia española: su victoria en la batalla de Cartagena de Indias contra la Armada Invencible. “Esa gran victoria fue tanto militar como para la moral”.
 
Con esta carta, el alumno pasa a la fase nacional del concurso que convoca el Ministerio de Defensa y que este año cumple su cuarta edición. El concurso está dirigido a alumnos de 4º de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos de Grado Medio. Es una actividad que se enmarca en la asignatura de Lengua para que a través del género epistolar, el estudiante se acerque a una figura extraordinaria de la historia militar española y destaque sus cualidades y su huella en la sociedad.
 
La carta de Matía es la siguiente:
Querido almirante Blas de Lezo:
 
Mi nombre es José Ángel Matía y después de haber leído y escuchado las muchashazañas realizadas por usted, le quiero enviar esta carta de agradecimiento por haberse hecho un hueco en la historia de nuestra nación.
 
Es un referente para mí desde que comenzó alistándose en el ejército con tan sólo doce años y participó combatiendo en diversas batallas. Más aún cuando con sólo quince años, tuvo que someterse a una operación quirúrgica al haber perdido la pierna. Pienso en su situación cuando resultó herido en la batalla de Gibraltar en 1704, y al no ser posible tapar la hemorragia, tuvieron que amputarle esa pierna. ¡Qué valentía! ¡Cuánto me alegré al saber que nuestro rey Luis XVI le agradeció su valor en la batalla y lo premió con una “merced de hábito”!
 
Si se otorgaba para premiar a los individuos que concedían servicios a la comunidad, en su caso el reconocimiento estaba más que merecido. Y eso que los
premios estaban más destinados a las personas cercanas al Rey y al reino… aunque en algunos casos también se concediera a la sociedad civil.
 
Pero si algo me ha impresionado ha sido la batalla de Cartagena de Indias, ¡eso sí que es memorable! Me lo imagino a usted, contra la Armada Invencible… Al mando del General Vernon, los ingleses contaban con la cantidad nada despreciable de ciento ochenta y seis navíos, veintitrés mil seiscientos hombres y tres mil piezas de artillería, y usted con tan solo seis barcos y apenas tres mil hombres fue capaz de defender el territorio.
 
Me admiro de su ingenio y convicción al estar tan persuadido de que la victoria era posible con ese ingenioso plan de excavar un pequeño foso alrededor del muro, para que las escaleras del ejército inglés no tuvieran suficiente altura y de esta manera no pudieran asaltar la fortaleza. Y así, cuando el ejército inglés se fue a replegar, el ejército español salió de sus trincheras y acabó con muchos guerrilleros. Vernon ordenó la retirada y su ejército ganó la batalla. Esa gran victoria fue tanto militar como para la moral. Ya era hora de que a los ingleses se les diera su merecido. Ni que decir tiene que la denominada “Armada Invencible” inglesa quedó desmantelada.
 
Esta derrota ha sido, desde mi punto de vista, la mayor humillación que nación alguna ha sufrido, tanto por pérdidas humanas como materiales. Tanto es así que el rey de Inglaterra, Jorge II, ordenó que no se escribiera ningún tipo de texto sobre esa batalla. También que se ocultasen las monedas y medallas grabadas que se habían mandado acuñar con anterioridad, pues era tanta la seguridad que tenían tanto Vernon como los ingleses antes de la batalla, que estaban convencidos de que iban a ganar. En mi tierra se dice a esto que vendieron la piel del oso antes de cazarla. Estos hechos y detalles, que no se han publicado en ningún periódico inglés, los he descubierto por las narraciones que se hacen en España.
 
Me asombra su grandeza al haber sufrido tanta desgracia personal por los problemas que le han ocurrido a lo largo de su carrera militar, ya que además de haber quedado cojo, también quedó tuerto. Sin embargo, en lugar de dejarse hundir por ello, supo compensarlo con una mente despierta de estratega, lo que sin ninguna duda es admirable.
 
Sin otro particular, le agradezco que haya leído esta misiva con tanto cariño como yo he puesto al escribirla. Y me gustaría que su trabajo y amor a España sea reconocida por la historia.
 
Reciba un cordial saludo de un admirador suyo, José Ángel Matía González
Etiquetas: Cristo Rey , Valladolid

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